PRÓXIMA PROYECCIÓN en C.C. Zona Sur - Sala 41 (19 de Octubre - 19:00h):

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VII CICLO TERROR:  FRANKENSTEIN CENTENARIO  (ABRIL 2010)

1  comentarios:

  1. Billytully
  2. ORLAK, EL INFIERNO DE FRANKENSTEIN: Pablo Eusebio

    Si el cine fantástico mexicano ha encontrado su lugar en los manuales no ha sido tanto por el cine de luchadores -para el que hace falta una sensibilidad especial- como por el cine de terror facturado desde mediados de los 50 hasta bien entrados los 60. El reconocimiento dista de haber alcanzado un estadio ideal, probablemente por desconocimiento: es el caso del olvidado director Rafael Baledón, que atesora una obra terrorífica de lo más sólida con joyitas del género como la película Orlak, el infierno de Frankenstein. Curiosamente en esta película los guionistas Taboada y Ruanova proponen una mezcla de gótico y policiaco que la hace más cercana a La sombra de Frankenstein (1939) que a la novela de Mary Shelley: como en el film citado la acción se estructura en torno a una venganza (la de un despiadado criminal, brillante Joaquín Cordero) que se servirá de un monstruo de igual rostro (doble papel) para conseguir la coartada perfecta e ir eliminando a sus víctimas una a una.

    Al igual que otras obras en que la venganza es el motor de la acción -ya sean ajustes de cuentas (Matar o no matar, este es el problema, 1973), ya sea haciéndola coincidir con plagas bíblicas (El abominable Dr. Phibes, 1971)-, la trama se desarrolla con precisión milimétrica: aquí las muertes no siguen un patrón determinado, pero sabemos del fatal desenlace que aguarda a varios personajes (el juez que condenó a Cordero, el comisario, el alcalde, el compinche y la amante que le traicionó. Por si no fuera suficiente, Baledón mantiene el ritmo sin descuidar los mínimos detalles (el tictac del monstruo en su deambular callejero) haciendo gala de una envidiable capacidad de síntesis de una narrativa que colmará a puristas y amantes del clasicismo: una consabida economía de medios ejemplificada en transiciones por cortinilla que dejan la acción sin respiro, largas tomas y actores en planos-secuencia moviéndose de un modo constante para huir del estatismo y compensar el encuadre, alternancia de varias acciones en el mismo plano o la integración de personajes fuera de campo mediante sombras y espejos. En conclusión, un clásico mexicano que reclama reivindicación urgente. FIN

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